Por Javier J. Vázquez*
Se habla mucho de «Transiciones Energéticas», un concepto que refiere a que cada país debe trazar su propio camino hacia la carbono neutralidad. ¡Ojo! Que esto no habilita a patear el problema o proponer extravagancias. Pero es cierto que cada país, cada región, tiene sus particularidades y su coyuntura.
Argentina, por ejemplo, y no voy a detallarlo mucho por la paciencia de los lectores, tiene algunas características muy particulares.
Por un lado, una red de gas muy amplia y extendida, además de mucha capacidad instalada en automóviles y bus a GNC. Eso es un detalle diferencial con la mayoría de los países.
Además, cuenta con recursos renovables (sol, vientos y biomasa) de primer nivel mundial. Es decir, tenemos un potencial de generación de energía renovable igual o mejor a los países que hoy lideran la transición energética global.
Sumado a estos dos elementos, por iniciativa privada, con un acompañamiento del Estado, y aprovechando el recurso existente, se ha desarrollado un complejo de biocombustibles dentro del Top 6 mundial.

En este punto, hoy en debate, quisiera detenerme.
La propuesta de reforma de la ley de biocombustibles que, por un lado, reduce el corte en los combustibles fósiles (disminuyendo su participación a casi la mitad) y, por otro lado, promueve la apertura desregulada de la producción, tiene dos lecturas: un error estratégico del gobierno nacional, o un claro guiño para que el complejo de biocombustible sea tomado por las petroleras, quizás demorando su desarrollo, como ha sucedido en otros casos en la historia
En términos generales, la industria del biocombustible presenta las siguientes ventajas:
Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero: En comparación con los combustibles fósiles, los biocombustibles tienen un balance de carbono entre 88% y 70% menor, lo que contribuye a una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero que es parte de los compromisos que Argentina para el 2030¹.
Renovable y sostenible: A diferencia de los combustibles fósiles, los biocombustibles son fuentes de energía renovables ya que se derivan de materia orgánica. Además, el uso de cultivos y desechos agrícolas como materia prima promueve prácticas agrícolas sostenibles y reduce los desechos.
Creación de empleo y desarrollo rural: La producción de biocombustibles requiere actividades agrícolas y plantas de procesamiento, lo que lleva a la creación de empleo en las zonas rurales. Esto puede impulsar las economías locales y contribuir al desarrollo rural².
Lo cierto es que la industria de biocombustible, encabezada por la provincia de Santa Fe y otras varias provincias agro exportadoras, es un elemento clave que debemos potenciar como economía regional, porque:
Los biocombustibles pueden desempeñar un papel crucial en la descarbonización del sector del transporte, que es responsable de una parte importante de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero.
Los avances en las técnicas y tecnologías de producción de biocombustibles que se desarrollan en Argentina brindan oportunidades para aumentar la eficiencia y reducir los costos, haciendo que los biocombustibles sean más competitivos en el mercado energético.
Las políticas e incentivos que promueven la producción y el consumo de biocombustibles pueden acelerar su adopción, fomentando un panorama energético más sostenible.
Los biocombustibles pueden complementar otras fuentes de energía renovables, como la energía eólica y solar, donde nuestro país puede ser líder.
Las inversiones en investigación y desarrollo de biocombustibles mejorarán aún más su eficiencia, sostenibilidad y disponibilidad y generarán miles de empleos asociados.
Los biocombustibles son un complemento ideal para la producción agraria y, por tanto, un complemento ideal para la «descarbonización criolla» de nuestra matriz.
Argentina tiene un gran potencial exportador que aún debe desarrollarse más, está detrás de EEUU y Brasil en la región.
Dada la red de gas existente, se puede combinar muy bien para incorporar biogás.
Se utiliza, muchas veces, biomasa post cosecha, lo que no genera una competencia con la producción de alimentos.
Genera industria y empleos locales que tienen ya muchos años de crecimiento.
Soltarle la mano ahora, en pleno auge de la transición, es criminal.
Según la Agencia Internacional de Energía, «La demanda de biocombustibles en 2022 alcanzó un máximo histórico de 4,3 EJ (170 000 millones de litros), superando los niveles vistos en 2019 antes de la pandemia de Covid-19. Sin embargo, se necesita un aumento significativo en la producción de biocombustibles para ir por buen camino con el escenario de cero emisiones netas para 2050 (NZE) y ofrecer las reducciones de emisiones asociadas.»³
Este análisis a mediano plazo que genera la autoridad internacional de energía nos propone una oportunidad nada despreciable para diversificar nuestra matriz productiva primaria, generar empleos verdes, aumentar exportaciones, potenciar economías regionales y descarbonizar nuestra matriz energética. ¿#NoLaVen?
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¹ https://www.crea.org.ar/la-nueva-ley-de-biocombustibles-un-paso-atras-en-materia-ambiental/
² https://energy5.com/es/el-papel-de-los-biocombustibles-en-una-combinacion-de-energias-renovables
³ https://www.iea.org/energy-system/low-emission-fuels/biofuels
* Javier J. Vázquez. Coordinador de desarrollo sostenible en Instituto Moisés Lebensohn. Líder energético del Comité Argentino del Consejo Mundial de Energía.
