*Por Julieta Carbajal, Magdalena Iribarne y Araceli Montenegro.
Cada 26 de septiembre, se pone en la agenda pública el Día Mundial de Prevención del Embarazo no Planificado en la Adolescencia, como una campaña que busca concientizar sobre las diferentes alternativas anticonceptivas que existen para poder tomar decisiones informadas acerca de la salud sexual y reproductiva. ¿Y qué mejor que articular esta efeméride con la implementación de la Educación Sexual Integral?
Sí, volvemos a ella porque cumple un rol fundamental en lo que respecta al acceso a la información, a la vez que permite conocer y (re)conocer el propio cuerpo y las distintas formas que tenemos de cuidarnos y vincularnos con un otro.
Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Salud de la Nación, en el año 2020 fueron 53.260 los nacidos vivos de madres adolescentes, mientras que en el año 2010 esta cifra se ubicaba en los 117.591, disminuyendo 54.5 p.p. en diez años. Esta situación, si bien mejoró, continúa siendo alarmante porque en la actualidad se producen por día 145 nacimientos de madres adolescentes.
Es de público conocimiento que el embarazo en la niñez y la adolescencia, en su mayoría, no es intencional, es decir que o bien se produjo por falta de información sobre las distintas formas de cuidado, la falta de acceso a los métodos anticonceptivos o bien consecuencia de abuso sexual. De hecho, en nuestro país entre los años 2020 y 2021, 6 de cada 10 víctimas registradas de violencia sexual eran niñas, niños y adolescentes, por lo que concluimos en que a medida que disminuye la edad de la persona embarazada, aumenta la probabilidad de que dicho embarazo sea producto de una relación sexual no consensuada. Además, el embarazo en jóvenes menores a 15 años compromete gravemente la salud de la niña embarazada, pone su vida en riesgo y se asocia en mayor medida con secuelas físicas y psicológicas de por vida.

En Argentina, hay 6 nuevas niñas-madres cada hora, encabezando Formosa, Chaco y Misiones el listado de provincias con mayor porcentaje de madres adolescentes. Es en aquellas zonas del país en el que las tasas de embarazo adolescente, en el que las tasas de abuso sexual son más altas, donde el Estado y la Justicia deben hacerse presente brindando información, implementando la Interrupción Voluntaria del Embarazo – IVE- y el acompañamiento necesario para estas víctimas, así como se deben reforzar los contenidos de la Educación Sexual Integral -ESI- en las escuelas para prevenir estas situaciones y detectar rápidamente las víctimas de abusos sexuales, para darles la contención y ayuda correspondiente.
Esta realidad lamentable no pasa desapercibida para los especialistas y el movimiento feminista, quienes se involucraron activamente tanto para la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, el Plan para la Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia – Plan ENIA – y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Además, desde el año 2018 se creó un movimiento que busca representar esta problemática bajo el lema #NiñasNoMadres, que busca asegurar que todas las niñas puedan vivir sus infancias libres de violencias, creciendo fuertes, sanas y seguras.
En este sentido, abordar el embarazo adolescente como una cuestión de salud pública, y hacerlo integralmente desde estas políticas públicas, dieron visibilidad e importancia a esta gran problemática que afecta a muchas niñas y adolescentes, dejándolas en situación de gran vulnerabilidad, excluidas del sistema educativo y afectando su inserción laboral.
Estamos en una época donde las mujeres somos más conscientes de nuestros derechos y deseos, y donde la maternidad no se impone como un hecho inevitable, sino como un proyecto como tantos otros que tenemos. Esto nos permite empoderarnos, disfrutar libre y en forma responsable de nuestra sexualidad a través del acceso a los métodos anticonceptivos gratuitos.
Aquí no es el acceso a la práctica legal del aborto lo que hace descender las cifras de embarazo adolescente, sino que es precisamente el acceso a la información, a la anticoncepción y a poder contar con un sistema de salud que trabaje articuladamente con el sistema educativo para concientizar al estudiantado y poner a su mano todas las herramientas con las que cuentan para hacer frente a las relaciones sexo-afectivas.
En este sentido, también estamos envueltos en un contexto donde parecen cobrar relevancia los discursos que van contra estos derechos conquistados, promoviendo la ignorancia y que el Estado mire para otro lado cuando se le presenten situaciones de abuso sexual, de embarazos adolescentes, de violencia de género y donde la sociedad cuente con menos información, retrocediendo en la agenda de derechos.
Desde el Observatorio de Género repudiamos estas resistencias y promovemos una profundización de todas aquellas políticas públicas que avanzaron en pos de pensar críticamente la sociedad en la que vivimos, permitiendo un proceso de deconstrucción y avances en la igualdad de género, permitiendo un acceso más libre a la información y a la educación sexual integral, para poder tomar decisiones consciente y reflexivamente, y que el embarazo adolescente deje de ser una realidad en nuestro país.
Fuentes
http://puedodecidir.org/wp-content/uploads/2019/09/embarazo-adolescente-argentina.pdf
https://www.cippec.org/textual/son-ninas-que-no-sean-madres/
https://www.ninasnomadres.org/
*Por Julieta Carbajal, Magdalena Iribarne y Araceli Montenegro son miembros del Observatorio de Género y Diversidad del Lebensohn.
