*Escrito por Magdalena Iribarne, estudiante de abogacía e integrante del Observatorio de Género y Diversidad del Instituto Moisés Lebensohn, y Lucrecia Rodríguez, Licenciada en Ciencias Políticas (UNER) y coordinadora del Instituto Moisés Lebensohn Entre Ríos.
Según un informe realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres nos encontramos en desventaja laboral y remunerativa. En general, las mujeres cobramos un 20% menos que los hombres en el mundo. Si bien, es cierto que características individuales como la educación, el tiempo de trabajo, la segregación ocupacional, las habilidades y experiencias explican algo de la brecha salarial, una gran parte se debe a la discriminacion por razones de género.
Esta discriminacion que atraviesan las mujeres, es directa o indirecta. Es directa cuando realizando la misma tarea la mujer cobra menos en comparación a un hombre, y es indirecta cuando a través de medidas aparentemente neutrales esconden un sesgo de género.
Por lo tanto, cuando nos referimos a la brecha salarial de género, estamos diciendo que existe una diferencia remunerativa entre hombres y mujeres, incluso para la realización del mismo trabajo o por la ocupación del mismo cargo. Y que si bien existen algunas variables agregadas a lo que hace a “solo la brecha salarial”, todas esas variables están vinculadas a sesgos de género.
Dentro de las desigualdades y brechas que se pueden mencionar, las tareas de cuidados es una de las que más debe llamarnos la atención; “eso que llaman amor es trabajo no pago”, dijo Silvia Federici. En todo el mundo las mujeres dedican, según la ONU, 2.5 veces más horas por día al trabajo doméstico y de cuidados.
Por otro lado, pero en la misma dirección, es tiempo de asumir algunas verdades para poder ir cerrando brechas, tanto en lo público como en lo privado las mujeres y sus trabajos no cuentan con el prestigio social que incluso tienen hombres que cuentan con una brecha en la que ellos sí pierden, que es la del conocimiento. Mayormente, las mujeres estamos condicionadas a reafirmar constantemente nuestras capacidades y somos sometidas a juicios de valor que no enfrentan las masculinidades. A lo que se le agregan variables interseccionales como el acceso a la educación, el poder adquisitivo, las neurodiversidades y nuestra nacionalidad. Éstos son modos de discriminación que aumentan la brecha salarial y la condición de vida de las mujeres.
Los distintos tipos de brecha salarial que se presentan son varios, uno de ellos, se trata de la posibilidad que tienen los hombres de recibir un ascenso en comparación con sus colegas mujeres con las mismas capacidades y conocimientos. Otro de los componentes que existe y hace persistir la brecha salarial es que las mujeres trabajan más en el sector informal. Según un informe del Indec, el sector de servicio doméstico, conformado casi íntegramente por mujeres, registra una tasa de informalidad del 75,6 %.
En Argentina, el ingreso promedio de las mujeres según datos del Indec es de casi $120.000 menos que el de los varones. Los varones perciben en promedio $429.741 y las mujeres, $310.064 en el primer trimestre de 2024, esto implica una brecha de 27,4%, siendo una de las más altas de los últimos años.
Desde el Observatorio de Género y Diversiad del Lebensohn, creemos que es importante visibilizar este día donde muchas mujeres sufren discriminacion. Una de las maneras para combatirla es a través de pequeñas acciones que generen conciencia, comprometerse con la comunidad, y desde las organizaciones de la sociedad y los gobiernos, se impulsen medidas que contribuyan a la igualdad y a la equidad, y que esos actores repliquen y sean responsables a la hora de combatir los problemas estructurales que se vienen arrastrando y que producen más pobreza y desigualdad.
Tenemos que comenzar a esgrimir estrategias que pongan nombre a las situaciones donde las mujeres seguimos sin estar contempladas como sujetos que realmente cuentan y se nos ocurre que podemos comenzar por el principio, preguntándonos ¿de qué hablamos cuando hablamos de brecha salarial de género? Eso es fácilmente identificable, de manera empírica, con un trabajo de campo individual que implica sencillamente preguntarle a las mujeres de nuestro entorno ¿qué puestos de trabajo ocupan? ¿Qué tareas realizan? ¿Cuánto cobran? Luego, comparar esa información con aquella que provenga del entorno laboral masculino. La estrategia es hablar, poner en cuestión y problematizar las relaciones asimétricas que se entretejen en la sociedad.
Es importante no retroceder y seguir exigiendo que empresas, instituciones y organismos rompan con estas desigualdades. Contamos con herramientas para acercarnos a estos objetivos. Creemos que para que esto suceda es imperioso hacer hincapié en la formación e información con perspectiva de género, para que se pueda salir de la ignorancia de lo que podemos hacer ó no las mujeres, de lo que merecemos cobrar y del valor agregado que significa para la sociedad en su conjunto que las mujeres ocupen lugares de decisión y desempeñen cargos, contando con la valoración adecuada y sin brechas de género.
No estamos hablando sólo de oportunidades y de crecimiento, estamos advirtiendo que para que esto suceda se debe reducir YA la brecha de la desigualdad de género. Debemos saber que estamos hablando de derechos humanos y esto, ES URGENTE.
